El Caribe emerge como destino predilecto para fondos soberanos y capital institucional que buscan activos hoteleros con flujos predecibles y revalorización a largo plazo.
La combinación de demanda turística resiliente, marcos fiscales competitivos y barreras de entrada elevadas convierte a la región en un refugio atractivo frente a la volatilidad de otros mercados.
Los analistas advierten, no obstante, que la concentración de capital podría elevar las valoraciones y comprimir los rendimientos en los próximos ciclos de inversión.