Quintana Roo afronta de forma simultánea dos desafíos ambientales que presionan a su industria turística: una temporada de sargazo considerada entre las más severas de los últimos años y una ola de calor con temperaturas superiores a los 40 grados.
Especialistas han advertido que 2026 podría convertirse en uno de los años más críticos por el volumen de macroalga acumulada en las costas, lo que obliga a los hoteles a redoblar esfuerzos de limpieza de playas y comunicación con los huéspedes.
La gestión del sargazo se ha convertido en un factor competitivo: los destinos que logran mantener sus playas despejadas y comunican con transparencia el estado del litoral protegen mejor su reputación y sus tarifas.